Sarmiento, maestro de América

Cada 11 de septiembre Argentina celebra el Día del Maestro en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, fallecido ese día de 1888, en Asunción del Paraguay.

Sarmiento fue una de las personalidades más extraordinarias de nuestra historia. Escritor, periodista, educador, político y presidente de la Nación, tuvo una inteligencia excepcional y una convicción que atravesó toda su vida: ningún país puede alcanzar verdaderamente el
progreso si no educa a su pueblo.

Fue un gran constructor de la Argentina moderna. Impulsó escuelas, promovió la formación de maestros, alentó la ciencia, las bibliotecas y las comunicaciones. Y fue también un formidable hombre de letras, autor de Facundo, una de las obras fundamentales de la literatura argentina e hispanoamericana.

Pero el reconocimiento a Sarmiento no quedó limitado a nuestro país. En 1943, la Primera Conferencia de ministros y directores de Educación de las Repúblicas Americanas, reunida en Panamá, propuso establecer el 11 de septiembre como Día del Maestro en el continente americano, precisamente en homenaje a Sarmiento y a su extraordinaria obra educativa. Argentina adoptó oficialmente esa conmemoración en 1945.

No es casual, entonces, que haya pasado a la historia como “el Padre del Aula”. Para Sarmiento, la escuela no era simplemente el lugar donde se enseñaba a leer y escribir: era el instrumento fundamental para transformar al individuo, igualar oportunidades y construir una Nación.

Tuvo, como todo gran personaje histórico, contradicciones, excesos y aspectos polémicos, Pero hay algo que resulta difícil poner en duda: su pasión por la educación y su certeza de que el futuro de un país comienza en el aula.

A 138 años de su muerte, aquella enseñanza conserva una extraordinaria actualidad. Una Nación no se construye solamente con economía, rutas, fábricas o instituciones. Se construye, antes que nada, formando ciudadanos. Y los ciudadanos se forman en la familia y en la escuela.

Por eso, cada 11 de septiembre, al recordar a Sarmiento, nuestro homenaje debe extenderse a todos los maestros argentinos que, muchas veces en circunstancias difíciles, continúan silenciosamente aquella enorme tarea de educar y construir la Nación.

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