Sarmiento el Maestro de América
Cada 11 de septiembre, la Argentina recuerda a Domingo Faustino Sarmiento, fallecido en 1888 y reconocido como el “Maestro de América”. Presidente de la Nación, pensador, periodista, escritor y educador incansable, Sarmiento entendió que no había futuro posible para el país sin una escuela pública, gratuita y abierta a todos. Su legado no fue solo un proyecto pedagógico, sino una visión de Nación moderna, fundada en el saber, el esfuerzo y la igualdad de oportunidades.
Figura polémica en su tiempo, continúa siendo polémico en la historia. Le decían “el loco”, pero un loco que transformó el país que recibió en una Nación preparada para el desarrollo.
Hoy, al celebrar el Día del Maestro, rendimos homenaje a todos los docentes que, en condiciones muchas veces adversas, siguen sosteniendo la idea de que la educación es la herramienta más poderosa contra la pobreza, la exclusión y la ignorancia. Ser maestro no es solo transmitir conocimientos: es formar ciudadanos, despertar vocaciones, abrir caminos.
En tiempos donde la sociedad enfrenta crisis económicas, políticas y culturales, la figura del maestro se agiganta. Ellos son los que día a día demuestran que la verdadera riqueza de un país no se mide en números, sino en la calidad de sus escuelas y en la preparación de sus jóvenes.
Honrar a Sarmiento es también honrar a cada maestro argentino. A quienes enseñan en grandes ciudades y en parajes remotos, a quienes ponen su esfuerzo en las aulas, con compromiso y esperanza. Porque sin educación no hay futuro, y sin maestros no hay educación posible.
Y para concluir este bree editorial, acudo a palabras más calificadas que las mías, las de José Luis Romero, quien, en una conferencia dictada en 1961, decía:
"Situado
entre el pasado y el futuro, Sarmiento cobra a mi juicio su verdadera
perspectiva. Si de otros puede decirse con certeza que pertenecen solamente al
pasado, de Sarmiento no es posible afirmar lo mismo. Algo hay en él que no ha
muerto, y acaso pudieran repetirse pensando en él las palabras que repitió
sobre Quiroga: "No, no ha muerto. Vive aún. Él vendrá". No se
requiere apelar a la vana esperanza de su regreso para descubrir su proximidad
y su permanencia, Sarmiento, no tiene necesidad de que se anuncie su retorno
porque no ha desaparecido de la vida argentina. Pero no porque obraran en él
misteriosas fuerzas, sino por la peculiaridad de su genio, cuyas incitaciones
recobran en cada circunstancia actualidad, eficacia y dimensión contemporánea[i]
Comentarios