Cada 24 de marzo la Argentina se detiene a recordar.
Recordar uno de los períodos más oscuros de su historia. Recordar a las víctimas. Recordar el quiebre institucional. Recordar el dolor. Pero recordar no alcanza… si recordamos a medias. Porque la memoria, para ser verdadera, debe ser completa. No puede ser selectiva. No puede ser parcial. No puede ser utilizada como herramienta de relato o de conveniencia política. Durante años, el país ha avanzado en el reconocimiento de los crímenes cometidos por el Estado durante la dictadura militar. Y está bien que así sea. Fue terrorismo de Estado, fue ilegal, fue brutal, y debe ser condenado sin matices. Pero también es cierto, y decirlo no debe incomodar a nadie, que hubo otras víctimas. Víctimas de la violencia armada. Víctimas de organizaciones como Montoneros, el ERP, las FAR, las FAP. Hombres, mujeres, civiles, trabajadores, militares, policías… argentinos que también perdieron la vida en un contexto de violencia que desgarró al país. ¿Esas víctimas valen menos? ¿Ese dolor merece menos memo...