Las invisibles compañías
Hay textos que uno recibe y simplemente reenvía. Y hay otros que, por alguna razón difícil de explicar, nos obligan a detenernos. El que llegó a mis manos hablaba de una mañana de lluvia, de una taza de café y de esas compañías invisibles que van poblando nuestra vida con el paso de los años. Y me hizo pensar. Cuando somos jóvenes creemos que la riqueza está fundamentalmente en lo que tenemos por delante. Los proyectos, los viajes, las conquistas, el trabajo, los sueños todavía pendientes. Vivimos mirando hacia el futuro porque sentimos que el tiempo es casi infinito. Pero llega una edad en que descubrimos otra forma de riqueza. Comprendemos que también somos todo aquello que hemos ido guardando dentro de nosotros. Somos los libros que alguna vez nos conmovieron. Somos las canciones que acompañaron nuestros amores y nuestras tristezas. Somos las películas que nunca olvidamos, los cuadros que alguna vez contemplamos maravillados, los lugares que conocimos y, sobre todo, las personas que...