Las lágrimas de los hombres
Este Mundial nos ha dejado una imagen que va mucho más allá del fútbol. Hemos visto a jugadores de distintas selecciones llorar. Llorar por la derrota, por el sueño que terminó demasiado pronto. Llorar también por la victoria, por el premio a tantos años de sacrificio, esfuerzo y dedicación. Los hemos visto cantar sus himnos nacionales con profunda emoción. Algunos apenas podían entonar las estrofas porque las lágrimas les cerraban la garganta. Y esas lágrimas no hablan de debilidad; hablan de amor por la patria, de compromiso con la camiseta y de respeto por quienes los acompañaron en el camino. Todavía hay quienes creen que llorar no es cosa de hombres. Se equivocan. Llorar sí es cosa de hombres. De hombres íntegros, capaces de poner no solo los pies y la inteligencia al servicio de un objetivo, sino también el corazón. Las lágrimas de un deportista que ha dado todo por su país son un homenaje al esfuerzo, a la dignidad y al honor. No avergüenzan; ennoblecen. Nos recuerdan que la ver...