La fatalidad, el destino, y el misterio de Dios
Un año tiene 365 días. Cada día, 24 horas. Cada hora, 60 minutos. Cada minuto, 60 segundos. En total, más de 31 millones de segundos en un año. Y entre esos millones de segundos, la fatalidad eligió uno solo. Precisamente aquel en que un sacerdote estaba celebrando misa, cuando una cruz de madera con la imagen de Cristo que se encontraba sobre su cabeza se desprendió y cayó sobre él, provocándole una muerte instantánea.[i] El episodio es estremecedor. Pero más estremecedor todavía es reflexionar sobre su significado. Un sacerdote que había consagrado su vida a Dios encuentra la muerte precisamente bajo la imagen de Cristo, aquel a quien había dedicado su existencia. Y entonces surge una pregunta tan antigua como la humanidad: ¿qué es la fatalidad? ¿Es el azar? ¿Es el destino? ¿O es Dios mismo? Si aquel sacerdote hubiera comenzado la misa unos segundos antes o después, si hubiera dado un paso hacia un costado, si la imagen se hubiera desprendido apenas un instante más tarde, probablemen...