Nuevamente graves inundaciones en el sur tucumano

No es la primera vez que Tucumán sufre una inundación grave. Ya hace más de treinta años, ante una situación semejante, el entonces vicegobernador Julio Cesar Diaz Lozano, convocó a especialistas de Agua y Energía, de la Universidad Nacional de Tucumán, de la Universidad Tecnológica y de distintas áreas del Estado para elaborar una propuesta seria y de fondo, para resolver definitivamente el problema.

Aquel trabajo concluyó en un proyecto de sistematización de cuencas, pensado para ejecutarse en veinte años, precisamente por la magnitud de las obras y por la necesidad de distribuir en el tiempo los costos, de modo que la provincia pudiera afrontarlos.

Sin embargo, han pasado más de tres décadas y los sucesivos gobiernos provinciales hicieron poco y nada. El diagnóstico existía. Los especialistas habían hablado. El problema estaba identificado. Faltó lo más importante: decisión política, continuidad y responsabilidad.

Y así llegamos otra vez al mismo punto: los tucumanos pagando las consecuencias de la imprevisión, de la desidia y de gobiernos que prefirieron mirar para otro lado mientras los riesgos crecían.

Porque gobernar es también prever. Y cuando no se prevé, después hay que tener espalda para aguantar las consecuencias. Lo grave es que esas consecuencias no las sufren los funcionarios: las sufren las familias que se ven obligadas a abandonar sus hogares, que pierden sus cosas, los productores agrarios que ven arrasado su trabajo y una sociedad entera que vuelve a comprobar que la falta de obras no es una fatalidad natural, sino una falla humana y política.

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