La violencia que no debemos aceptar

Dejamos por el momento la guerra en Medio Oriente para ocuparnos de un hecho realmente incalificable. El diputado nacional Federico Pelli fue agredido mientras participaba, junto a dirigentes de La Libertad Avanza, en la entrega de ayuda a familias afectadas por las recientes inundaciones. El hecho que tomó trascendencia nacional ocurrió el miércoles en la ciudad de La Madrid, en nuestra provincia de Tucumán.

El legislador fue atacado con un violento cabezazo por un hombre que se acercó al lugar. El agresor está identificado como un puntero político vinculado al ministerio del interior provincial. Será ahora la justicia la que deberá actuar y determinar las responsabilidades correspondientes. El asunto es muy grave y generó muchas reacciones, hasta el propio gobernador Osvaldo Jaldo, pidió la detención del individuo.

Más allá de las diferencias políticas, que en democracia son legítimas y necesarias, existen límites que no pueden cruzarse. La violencia nunca puede transformarse en una forma de acción política.

Lo ocurrido es aún más grave porque sucedió en medio de una actividad solidaria, destinada a ayudar a vecinos que atraviesan momentos difíciles después de las inundaciones.

Cuando la agresión reemplaza al debate, la política pierde dignidad y la sociedad pierde calidad democrática. Ninguna idea, ninguna diferencia, ningún enojo justifica la violencia.

La Argentina y también Tucumán, necesitan recuperar la serenidad en la vida pública. Porque cuando la violencia comienza a naturalizarse, lo que está en riesgo ya no es un dirigente ni un partido.  Lo que empieza a estar en peligro es la convivencia misma de una sociedad.

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