El discurso de Milei ante la ONU (1ª parte)


El discurso del presidente Javier Milei ante la Asamblea General de las Naciones Unidas merece ser analizado más allá de las frases fuertes y de las controversias que seguramente provocará.

Porque, en el fondo, Milei intentó definir qué entiende por Nación Argentina, cuál considera que debe ser su lugar en el mundo y sobre qué principios pretende reconstruirla.
Y vale la pena separar esos conceptos.

La Argentina nació constitucionalmente como una República representativa, republicana y federal. Pero nuestra Constitución fue más lejos. El Preámbulo estableció objetivos extraordinariamente amplios: constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad. Y lo hizo, además, abriendo esos beneficios a “todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.

Allí aparece buena parte del pensamiento de Alberdi: una Nación abierta a la inmigración, al comercio, al capital y al mundo, pero al mismo tiempo organizada institucionalmente bajo una Constitución.

Milei retomó ayer una parte muy definida de esa tradición: la libertad.
Defendió el capitalismo de libre empresa, la apertura económica, la inversión, el aprovechamiento de nuestros recursos naturales y la incorporación de las nuevas tecnologías. Y sostuvo que durante demasiado tiempo la Argentina se dedicó a administrar su decadencia en lugar de preguntarse cómo volver a crecer.

Es una interpretación política sobre nuestra historia reciente y, naturalmente, puede ser discutida. Pero el concepto que plantea merece atención: una Nación no puede considerarse verdaderamente soberana si carece de fortaleza económica.

Y Milei agregó algo más: habló de una Argentina “políticamente relevante, económicamente influyente y militarmente respetable” para poder ser dueña de su destino.

Aquí aparece otro concepto histórico: la soberanía.
Y por eso Malvinas ocupó un lugar central.
Cuando Milei afirmó que “Malvinas es para nosotros una causa nacional”, no está expresando solamente la posición de su gobierno. Estaba reafirmando una política que excede ampliamente a cualquier administración.

La propia Constitución, desde la reforma de 1994, ratifica la soberanía argentina sobre Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes, y establece que su recuperación, respetando el modo de vida de sus habitantes y el derecho internacional, constituye un objetivo “permanente e irrenunciable” del pueblo argentino.

Por eso resulta importante que Milei haya reiterado que la Argentina elige una defensa pacífica y haya llamado nuevamente al Reino Unido a negociar.

Hay también otro aspecto mucho más discutible.
Milei presentó el alineamiento con Estados Unidos e Israel como parte de una definición de la Argentina dentro de Occidente.

La pertenencia cultural argentina a Occidente tiene profundas raíces históricas. Pero pertenecer a Occidente y establecer alianzas estratégicas no necesariamente significa renunciar a una política exterior guiada por los intereses permanentes de la Argentina.

Los gobiernos pasan. Las alianzas internacionales pueden modificarse. Los intereses nacionales permanecen.

Y finalmente aparece la inteligencia artificial. Milei la presentó fundamentalmente como una extraordinaria oportunidad para aumentar la productividad y rechazó que el temor conduzca a una regulación que limite su desarrollo.
Pero sobre este tema, continuaremos mañana.

 

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