Dos datos malos de nuestra economía
Hay dos datos de nuestra economía que no pueden pasar inadvertidos y que deberían encender luces de alarma.
El primero, y sin duda el más doloroso, es la pobreza.El INDEC acaba de informar que durante el primer semestre de 2026 la pobreza alcanzó al 32,3% de las personas y al 24,4% de los hogares. La indigencia llegó al 7,5% de las personas.
El retroceso es significativo. En el segundo semestre de 2025, la pobreza había descendido al 28,2% de las personas y al 21% de los hogares. Es decir que, en apenas seis meses, la pobreza entre las personas aumentó más de cuatro puntos porcentuales.
Esto resulta particularmente preocupante porque la disminución de la inflación y la reducción de la pobreza habían sido dos de los resultados económicos y sociales que el Gobierno podía exhibir. Ahora una de esas tendencias se ha interrumpido.
Y aparece una segunda señal: la actividad económica está mostrando debilidad. El PBI del segundo trimestre cayó 0,6% respecto del trimestre anterior y, posteriormente, en julio, el estimador mensual de actividad registró una caída del 2,9% respecto de junio y del 1,4% frente a julio del año pasado. Las ventas de supermercados, además, acumularon una disminución real del 2,7% entre enero y julio.
Es cierto que no todos los indicadores son negativos. La inflación mensual fue del 1,7% en agosto, lo que muestra que el proceso de desaceleración de los precios continúa siendo un activo importante.
Pero estabilizar una economía no puede significar solamente bajar la inflación.
La estabilidad debe finalmente traducirse en más producción, más empleo, mejores salarios y menos pobreza. Porque detrás de cada porcentaje de pobreza hay familias que no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas.
El Gobierno puede sostener que estamos frente a dificultades transitorias. El tiempo dirá si efectivamente es así. Pero sería un error minimizar estos números. Argentina necesita equilibrio fiscal y estabilidad monetaria. Pero también necesita crecimiento. Y, fundamentalmente, necesita que ese crecimiento llegue a la mesa de los argentinos.
Porque una economía verdaderamente estabilizada no es solamente aquella en la que dejan de subir descontroladamente los precios.
Es aquella en la que también empieza a bajar, de manera sostenida, la cantidad de argentinos que viven en la pobreza.
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