Cuando un funcionario de rango menor complica nuestra política exterior

Resulta difícil de comprender que un funcionario de quinta, que nada tiene que ver con nuestra política exterior, pueda terminar provocando un incidente diplomático con una de las mayores potencias del mundo y uno de nuestros principales socios comerciales.

Juan Pablo Carreira, responsable de la comunicación digital del Gobierno y de la llamada Oficina de Respuesta, publicó graves acusaciones contra China a propósito de la tragedia ocurrida en Nepal. Sus afirmaciones fueron suficientemente fuertes como para que Beijing reaccionara primero públicamente y luego por la vía diplomática, convocando a la representación argentina para expresar formalmente su protesta.

Y aquí aparece el verdadero problema.

Un funcionario público puede tener sus convicciones ideológicas. Puede ser liberal, conservador, socialista o anticomunista. Pero cuando ocupa un cargo dentro de la estructura de gobierno, sus palabras ya no tienen solamente consecuencias personales.

La Argentina mantiene con China una relación económica de enorme importancia. Es un mercado fundamental para nuestras exportaciones, un proveedor relevante, un inversor significativo y una potencia con la cual nuestro país mantiene relaciones diplomáticas desde hace más de medio siglo.

Podemos y debemos, discutir con China cuando nuestros intereses nacionales así lo exijan. Podemos cuestionar sus políticas, defender nuestros valores y marcar nuestras diferencias. Pero una cosa es la política exterior de un Estado y otra muy distinta la diplomacia ejercida a través de las redes sociales.

Más todavía cuando se formulan acusaciones sobre las causas de una tragedia humanitaria que no aparecen suficientemente respaldadas por las investigaciones conocidas.

La política exterior requiere prudencia. No sumisión: prudencia. Requiere comprender que las palabras pronunciadas desde el Estado tienen consecuencias.

El presidente Javier Milei ha demostrado pragmatismo al reconocer la importancia comercial de China pese a sus profundas diferencias ideológicas con su gobierno.

Precisamente por eso resulta contradictorio que funcionarios de niveles inferiores puedan poner obstáculos en una relación que el propio presidente procura preservar.

Argentina necesita comerciar con Estados Unidos, con China, con Brasil, con Europa y con todos aquellos países dispuestos a intercambiar, invertir y producir con nosotros.

No necesitamos elegir amigos ideológicos. Necesitamos defender intereses argentinos.

Y quienes integran el Gobierno, cualquiera sea la importancia de su cargo, deberían comprender una regla elemental, cuando se representa al Estado, antes de publicar hay que pensar en el país.

 

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