La responsabilidad del despilfarro

La Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó la condena al ex ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios del kirchnerismo, Julio De Vido, por su responsabilidad en la tragedia de Once. Aquel desastre ferroviario, que dejó un saldo de 52 muertos y más de 700 heridos, simboliza uno de los momentos más oscuros de la gestión pública en materia de infraestructura y transporte.

Durante aquellos años se hablaba de inversiones millonarias en los ferrocarriles. Se anunciaban planes, obras, modernizaciones hasta se anunció un tren bala. Sin embargo, los trenes no mejoraron. Las vías seguían deterioradas, el material rodante obsoleto, y la gestión, profundamente politizada. Se gastaron o, mejor dicho, se dilapidaron o robaron, millones de dólares, lógicamente, sin resultados visibles, en una de las mayores farsas de administración pública de las últimas décadas.

El caso del soterramiento del Ferrocarril Sarmiento es emblemático. Una obra muy importante para la seguridad y la conectividad del área metropolitana, que consumió 420 millones de dólares antes de ser abandonada. Allí quedaron las tuneladoras dormidas bajo tierra, como un monumento al despilfarro y la irresponsabilidad.

Hoy, cuando se repite la frase “no hay plata”, conviene recordar que esa escasez no es un accidente. Es la consecuencia directa de una década de despilfarro y corrupción. No hay plata porque se la afanaron y porque se usó mal. Porque se administró con corrupción, soberbia, impunidad y desprecio por el bien común.

Y ese es el mensaje profundo de este fallo: la justicia puede tardar, pero cuando llega, deja una lección. El dinero público no es del poder, es del pueblo. Y cuando se lo roba, es robo.

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