Cuando el buen pagador ya no puede pagar

 Hay un dato de la economía argentina que preocupa, cada vez más familias tienen dificultades para pagar sus deudas.

La explicación oficial apunta, en buena medida, al exceso de crédito y al endeudamiento irresponsable. Y seguramente existen casos de personas que tomaron compromisos que no podían afrontar.

Pero un reciente informe privado introduce un dato que cambia la discusión: muchos de los argentinos que hoy están en mora eran buenos pagadores hace apenas dos años.
Entonces la pregunta es inevitable: ¿qué pasó en el medio?

Porque si una persona que siempre pagó deja de hacerlo, podemos pensar en un problema individual. Pero cuando cientos de miles de buenos pagadores comienzan a atrasarse al mismo tiempo, estamos frente a algo diferente. Estamos frente a un problema económico.

El gobierno de Javier Milei tiene logros que deben reconocerse. Bajó fuertemente la inflación, ordenó las cuentas públicas y consiguió equilibrios macroeconómicos que la Argentina necesitaba recuperar.

Pero la macroeconomía no puede analizarse separada de la economía de las familias.
Porque una cosa es el equilibrio fiscal y otra es llegar a fin de mes.

Cuando el sueldo no alcanza, aparece la tarjeta. Después aparecen las cuotas. Luego un préstamo para pagar otro préstamo. Y finalmente llega la mora.

Detrás de esas estadísticas hay trabajadores, jubilados, comerciantes y pequeños empresarios que tienen que elegir qué pagan primero: los alimentos, los servicios, los medicamentos, el alquiler o la tarjeta.

Por eso sería un error atribuir todo este fenómeno a la irresponsabilidad de quienes se endeudaron.

Hay que preguntarse cuánto tienen que ver la pérdida de capacidad de compra, las elevadas tasas de interés, el nivel de actividad y las dificultades que atraviesan determinados sectores de la economía.

No se trata de abandonar el equilibrio fiscal ni de regresar a la emisión y a la inflación. Eso sería volver a cometer los mismos errores.

Se trata de comprender algo mucho más sencillo, ordenar la macroeconomía es indispensable, pero no alcanza. El verdadero éxito se conseguirá cuando ese orden llegue también a la mesa familiar, al comercio, a la pequeña empresa y al bolsillo del trabajador.

Porque hay una señal que ningún gobierno debería ignorar, cuando el que nunca quiso pagar no paga, tenemos un mal deudor. Pero cuando el que siempre pagó deja de hacerlo, probablemente tengamos un problema económico.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Retiran un crucifijo de la Legislatura salteña

Sarmiento el Maestro de América