El rumbo y la gente, segunda parte

En nuestra última nota editorial señalábamos que los éxitos de la macroeconomía no se trasladan automáticamente a la microeconomía. Pueden mejorar las cuentas públicas y, al mismo tiempo, existir familias que llegan con enormes dificultades a fin de mes. Puede crecer la producción energética mientras un jubilado debe hacer cuentas para comprar sus medicamentos. Pueden aumentar las exportaciones mientras una pequeña empresa lucha por mantener abiertos sus talleres y conservar sus puestos de trabajo. Decíamos también que no existe necesariamente una contradicción entre ambas realidades.

Lo que existe es un desafío.

La estabilización económica es indispensable. Un país que vive permanentemente con inflación, déficit, emisión descontrolada y desconfianza no puede progresar. La experiencia argentina de las últimas décadas debería habernos enseñado definitivamente esa lección.
Pero estabilizar no puede ser el punto de llegada.
Tiene que ser el punto de partida.

Después del orden debe venir el crecimiento. Después del crecimiento debe llegar el empleo. Y finalmente ese crecimiento debe traducirse en mejores salarios, mejores jubilaciones y mejores condiciones de vida.
Porque las estadísticas económicas son importantes, pero detrás de cada estadística existen personas. Y probablemente allí esté el mayor desafío que enfrenta hoy el presidente Milei.

El Gobierno ha demostrado una enorme determinación para realizar reformas que consideraba necesarias, aun pagando costos políticos importantes. Ahora necesita demostrar la misma determinación para conseguir que los beneficios de esas reformas comiencen a alcanzar a quienes realizaron los mayores sacrificios.

No estamos proponiendo regresar al déficit fiscal. No estamos proponiendo regresar a los subsidios indiscriminados, la emisión monetaria sin respaldo ni un Estado que gaste eternamente lo que no tiene. Sería volver a cometer los mismos errores.

Estamos diciendo algo diferente, hay que avanzar, pero procurando que nadie quede abandonado en el camino.

Hay sectores que necesitan tiempo para adaptarse. Hay jubilados que requieren protección. Hay pequeñas y medianas empresas que necesitan condiciones para competir. Hay trabajadores cuyos ingresos deben recuperar capacidad adquisitiva. Y hay millones de argentinos que necesitan comprobar, en su propia vida, que el esfuerzo realizado tenía un propósito.

Por eso resulta significativa una frase del propio Santilli: reconoció que “falta mucho por hacer”. Efectivamente, falta mucho.

Y reconocerlo no debilita al Gobierno. Por el contrario, puede fortalecerlo.
Gobernar también significa escuchar. Significa observar qué sectores están soportando un peso excesivo y corregir cuando sea necesario, sin abandonar los objetivos fundamentales.

La Argentina necesita inversiones y necesita exportaciones. Necesita relaciones maduras con Estados Unidos, Europa, nuestros vecinos latinoamericanos y todos aquellos países con los cuales podamos comerciar y desarrollarnos. Necesita seguridad jurídica y reglas estables.

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