El problema de las apuestas en los deportes
El Mundial de Fútbol ha sido una fiesta deportiva extraordinaria. Pero, paralelamente, ha dejado al descubierto un problema que veníamos señalando reiteradamente y que parece haberse agravado, las apuestas online, particularmente entre los jóvenes.
Hoy apostar es demasiado fácil. Ya no hace falta entrar a un casino ni concurrir a una agencia. El casino está en el bolsillo. Está en el teléfono celular, disponible las veinticuatro horas, mientras la publicidad aparece una y otra vez asociada al fútbol, a los equipos, a los partidos y hasta a sus protagonistas.Y allí está el peligro.
La ludopatía es un trastorno reconocido y puede destruir económicamente a una persona, pero también afectar profundamente a toda una familia. Cuando quien comienza a apostar es un adolescente, la preocupación debe ser todavía mayor.
Durante este Mundial se han conocido informes realmente alarmantes sobre la participación de jóvenes en apuestas deportivas. Más allá de las cifras concretas, que deben analizarse cuidadosamente, la realidad está delante nuestro, cada vez más chicos consideran apostar como una parte normal del fútbol.
Y no debería serlo.
Una cosa es mirar un partido, apasionarse, festejar o sufrir por un resultado. Otra muy distinta es introducir desde edades tempranas la idea de que cada gol, cada córner, cada tarjeta o cada resultado puede convertirse en una oportunidad para ganar dinero.
Por eso hace falta una acción coordinada y urgente.
El Gobierno de Tucumán, las autoridades educativas, los clubes, las parroquias, los medios de comunicación y las familias deberían trabajar de manera conjunta y coordinada. Hay que controlar rigurosamente el acceso de menores a las plataformas de apuestas, combatir los sitios clandestinos y discutir seriamente los límites de una publicidad que llega permanentemente a niños y adolescentes.
Pero también los padres tienen una responsabilidad fundamental. Deben saber qué hacen sus hijos con el teléfono, conversar con ellos, advertirles sobre los riesgos y prestar atención a señales como pedidos inexplicables de dinero, deudas, irritabilidad o una preocupación excesiva por las apuestas.
El fútbol debe volver a ser fundamentalmente eso, deporte, pasión, encuentro y alegría.
No permitamos que detrás de la fiesta del Mundial quede creciendo silenciosamente una generación de jóvenes acostumbrados a creer que jugar dinero es simplemente otra manera de vivir el fútbol.
Porque cuando la diversión se convierte en dependencia, ya no estamos hablando de un juego. Estamos hablando de un grave problema social que debemos enfrentar antes de que sea demasiado tarde.
Por eso hace falta una acción coordinada y urgente.
El Gobierno de Tucumán, las autoridades educativas, los clubes, las parroquias, los medios de comunicación y las familias deberían trabajar de manera conjunta y coordinada. Hay que controlar rigurosamente el acceso de menores a las plataformas de apuestas, combatir los sitios clandestinos y discutir seriamente los límites de una publicidad que llega permanentemente a niños y adolescentes.
Pero también los padres tienen una responsabilidad fundamental. Deben saber qué hacen sus hijos con el teléfono, conversar con ellos, advertirles sobre los riesgos y prestar atención a señales como pedidos inexplicables de dinero, deudas, irritabilidad o una preocupación excesiva por las apuestas.
El fútbol debe volver a ser fundamentalmente eso, deporte, pasión, encuentro y alegría.
No permitamos que detrás de la fiesta del Mundial quede creciendo silenciosamente una generación de jóvenes acostumbrados a creer que jugar dinero es simplemente otra manera de vivir el fútbol.
Porque cuando la diversión se convierte en dependencia, ya no estamos hablando de un juego. Estamos hablando de un grave problema social que debemos enfrentar antes de que sea demasiado tarde.
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