El estado de los edificios escolares

El estado de los edificios escolares en Tucumán es complejo y desigual. El Gobierno provincial ejecuta planes de refacción, ampliación y mantenimiento en establecimientos clave como la Escuela Normal, pero sectores gremiales y legislativos denuncian falencias estructurales persistentes, escasez de recursos y afectaciones temporales por contingencias climáticas

 Cuando hablamos de educación solemos concentrarnos en los programas de estudio, en la capacitación y remuneración de los docentes, en la cantidad de días y horas de clase o en los resultados de las evaluaciones. Todo ello es fundamental. Pero existe una condición previa, elemental, que a veces olvidamos: para enseñar y aprender adecuadamente hace falta una escuela en condiciones.

El edificio escolar también forma parte de la educación.
No podemos exigir excelencia a un docente que debe dar clases en un aula con humedad, instalaciones eléctricas deficientes, sanitarios deteriorados o temperaturas insoportables. Tampoco podemos pedirle a un niño que permanezca atento durante varias horas si estudia en un ambiente incómodo, inseguro o carente de los servicios indispensables.

En Tucumán existe una importante cantidad de edificios escolares, algunos de ellos con muchos años de antigüedad. El propio Gobierno provincial reconoce la necesidad permanente de mantenimiento y refacciones. Antes del ciclo lectivo 2026 se organizaron relevamientos y trabajos preventivos y correctivos en establecimientos de toda la provincia  y después de los fuertes temporales de marzo fue necesario intervenir. Solamente en la zona sur de la Capital fueron 37 los establecimientos afectados por las lluvias.

Es justo reconocer que se están realizando obras. En abril, por ejemplo, el Gobierno informó sobre trabajos que comprendían instalaciones eléctricas y sanitarias, pintura, albañilería, plomería y mantenimiento preventivo.

Pero quizás sea necesario ir un paso más allá.
Tucumán debería contar con un relevamiento público, completo y actualizado del estado de cada edificio escolar de la provincia. La Dirección de Materiales y Construcciones Escolares tiene precisamente entre sus funciones efectuar el relevamiento físico de los establecimientos, determinar prioridades y mantener la infraestructura escolar. Sería importante que esa información pudiera conocerse sistemáticamente.

Deberíamos saber cuáles escuelas se encuentran en buenas condiciones, cuáles necesitan reparaciones, cuáles requieren intervenciones importantes y cuáles, por su antigüedad o deterioro, necesitan una evaluación estructural profunda.

Y hay un aspecto que merece particular atención: la seguridad. Deben revisarse periódicamente instalaciones eléctricas y de gas, techos, salidas de emergencia, sistemas contra incendios, sanitarios, provisión de agua, accesibilidad para personas con discapacidad, ventilación y condiciones térmicas.

Una escuela digna no necesita ser lujosa. Necesita ser segura, limpia, funcional y confortable. Invertir en infraestructura escolar, por lo tanto, no es simplemente reparar paredes, cambiar cables o arreglar baños. Es invertir directamente en educación.

Una sociedad que deposita en la escuela buena parte de sus esperanzas para el futuro tiene, como mínimo, una obligación con sus niños y con sus maestros, darles un lugar digno y, sobre todo, seguro donde enseñar y aprender

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