El caso Fernando Cerimedo

El caso Fernando Cerimedo ha dejado de ser un episodio policial ocurrido en Bolivia. Por la cantidad y gravedad de las revelaciones que van apareciendo, estamos frente a un asunto con posibles derivaciones políticas y judiciales en varios países, incluida la Argentina.

Cerimedo, especialista en comunicación digital y operador político que trabajó con Javier Milei y posteriormente asesoró al presidente boliviano Rodrigo Paz, permanece detenido en Bolivia acusado de haber participado en la tentativa de femicidio de su expareja, Nadia Beller. La Justicia boliviana dispuso prisión preventiva mientras avanza la investigación.

Pero el episodio se vuelve todavía más inquietante porque alrededor de esa causa comenzaron a aparecer otras investigaciones. Durante allanamientos vinculados a Cerimedo se encontraron más de 40.000 dólares y equipos utilizados para operaciones digitales, mientras la Fiscalía boliviana abrió además una investigación por presunto enriquecimiento
 
Y aquí aparece la conexión argentina.

Beller sostiene que posee conversaciones grabadas con Cerimedo y afirma que él conocía detalles sobre el origen y la filtración de los famosos audios de Diego Spagnuolo que desencadenaron la investigación por presunta corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad. La diputada Marcela Pagano ya pidió que esas grabaciones sean incorporadas a la causa, posibilidad que está siendo evaluada judicialmente.

Debemos ser muy prudentes. Una denuncia no es una condena. Una acusación debe probarse. Cerimedo tiene derecho a defenderse y quienes son mencionados en estas denuncias conservan plenamente su presunción de inocencia.
Pero prudencia no significa indiferencia.

Porque cuando una persona que ha transitado por las cercanías del poder político aparece vinculada simultáneamente a investigaciones sobre violencia, dinero, operaciones digitales y posibles hechos de corrupción, la obligación del periodismo y fundamentalmente de la Justicia es preguntar, investigar y llegar hasta el final.

Este caso también deja una enseñanza más profunda. La política moderna ha creado personajes que no son ministros, legisladores ni funcionarios, pero que pueden adquirir un enorme poder. Manejan redes sociales, campañas, información, ejércitos digitales y relaciones con dirigentes de distintos países. Operan cerca del poder sin necesariamente estar sometidos a los controles del poder.

Quizás esa sea la cuestión más importante que deja hasta ahora el caso Cerimedo.
No sabemos todavía cómo terminará esta historia. Pero ya sabemos algo: hay demasiadas preguntas abiertas para mirar hacia otro lado.

Que investigue Bolivia. Que investigue la Argentina. Y que cada acusación sea probada o descartada.
Porque cuando aparecen las sombras alrededor del poder, la única respuesta democrática posible es encender todas las luces.

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