Cuando la tecnología debe poner límites
Una noticia que llega desde Estados Unidos debería llamar poderosamente nuestra atención.
Meta, la empresa propietaria de Facebook e Instagram, aceptó un acuerdo multimillonario para evitar un juicio en el que se la acusaba de haber diseñado sus plataformas de manera tal que podían generar comportamientos adictivos entre niños y adolescentes.Pero quizás lo más importante no sean los miles de millones de dólares que están en juego. Lo verdaderamente importante es el principio que comienza a imponerse: las grandes empresas tecnológicas también deben hacerse responsables de las consecuencias de sus productos.
Durante muchos años aceptamos casi con naturalidad que nuestros chicos pasaran horas y horas frente a una pantalla. Aparecieron las notificaciones permanentes, los videos infinitos, los “me gusta”, las recomendaciones automáticas y toda una arquitectura tecnológica destinada a conseguir algo muy sencillo, que el usuario no se vaya.
Y cuanto más tiempo permanece conectado, más rentable resulta.
Pero cuando ese usuario tiene doce, trece o quince años, la cuestión cambia completamente.
Por eso resulta significativo que se establezcan límites al uso nocturno de estas aplicaciones, restricciones horarias y mayores herramientas de control para los padres.
No se trata de demonizar Internet. Mucho menos de negar los extraordinarios beneficios que nos ha proporcionado la revolución tecnológica. Se trata simplemente de comprender que un niño no puede quedar indefenso frente a algunas de las empresas más poderosas y sofisticadas del planeta.
Y aquí debemos mirar hacia la Argentina.
Porque nosotros tenemos además otro problema gravísimo asociado al teléfono celular, las apuestas online entre menores.
Nuestros chicos pueden pasar de un video en una red social a una publicidad de apuestas y de allí, en pocos segundos, a una plataforma donde se juega dinero. La combinación entre adicción digital y juego compulsivo puede ser devastadora.
No alcanza entonces con decirles a los padres que controlen a sus hijos. Por supuesto que los padres tienen una enorme responsabilidad. Pero también la tienen las empresas, las escuelas y, fundamentalmente, el Estado.
Si existen límites para vender alcohol o cigarrillos a un menor, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que también deben existir límites frente a productos digitales diseñados para capturar durante horas su atención?
La tecnología avanzó muchísimo más rápido que nuestras leyes.
Ha llegado el momento de recuperar terreno.
Necesitamos una discusión seria en la Argentina sobre el acceso de los menores a las redes sociales, el uso del teléfono celular durante las horas escolares, la publicidad de las apuestas online y la responsabilidad de las plataformas.
No para prohibir Internet. No para regresar al pasado.
Exactamente al contrario, para ingresar responsablemente al futuro.
Porque hay una libertad que debemos defender por encima de todas las demás: la libertad de nuestros niños y adolescentes para crecer sin convertirse, desde muy pequeños, en clientes cautivos de un algoritmo.
Las empresas tienen derecho a ganar dinero.
Pero nuestros chicos tienen un derecho mucho más importante, el derecho a ser protegido
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