Brasil ha decidido no reponer a su embajador en Buenos Aires


El Gobierno de Brasil ha decidido no reponer a su embajador en Buenos Aires y reducir el nivel de la representación diplomática entre ambos países. Es un hecho de enorme trascendencia, porque constituye un enfriamiento de una relación histórica que durante décadas supo mantenerse por encima de las diferencias ideológicas de los gobiernos de turno.

Días atrás señalábamos que las declaraciones del presidente Javier Milei durante un acto político en Brasil, en apoyo a la candidatura de Flavio Bolsonaro y con durísimas descalificaciones hacia el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, merecían una reflexión serena. Sostuvimos entonces que un jefe de Estado no habla solamente en nombre de una corriente política, sino en representación de toda la Nación.

Lamentablemente, hoy comprobamos que aquellas palabras han tenido consecuencias concretas.

Brasil no es un país cualquiera para la Argentina. Es nuestro principal socio comercial, un aliado estratégico dentro del Mercosur y una nación con la que compartimos profundos vínculos históricos, económicos, culturales y humanos. Millones de argentinos y brasileños cruzan cada año nuestras fronteras por razones de turismo, comercio, estudio o trabajo. Son dos pueblos llamados a entenderse y a cooperar.

Las diferencias políticas son legítimas. Las discrepancias ideológicas forman parte de la democracia. Pero la política exterior debe construirse sobre bases permanentes: el respeto mutuo, la prudencia y la defensa de los intereses nacionales.

Es deseable que ambos gobiernos encuentren pronto un camino para recomponer este vínculo. La Argentina y Brasil tienen demasiado en común como para permitir que los agravios personales deterioren una relación estratégica que ha costado décadas construir.

Los presidentes pasan. Las naciones permanecen. Y la obligación de quienes gobiernan es cuidar, fortalecer y proyectar esas relaciones que son fundamentales para el bienestar y el futuro de sus pueblos.

Ojalá prevalezca la sensatez. Porque cuando se trata de la relación entre Argentina y Brasil, siempre será más valioso tender puentes que levantar muros.

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