Alberdi, no basta con citarlo, hay que comprenderlo



El sábado, 29 de agosto, Argentina recordó el nacimiento de Juan Bautista Alberdi y, en su homenaje, celebró el Día del Abogado.

Para los tucumanos es una fecha particularmente significativa. Alberdi no fue solamente uno de nuestros grandes comprovincianos: fue uno de los pensadores fundamentales de la organización nacional y, posiblemente, quien con mayor claridad imaginó las bases jurídicas, políticas y económicas sobre las cuales debía construirse la Argentina moderna.

El presidente Javier Milei llegó al poder reivindicando expresamente muchas de sus ideas. Citó una y otra vez las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina y, especialmente en materia económica, recogió principios desarrollados en el Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853.

Y corresponde reconocer que esa inspiración alberdiana está presente en buena parte de su programa económico: equilibrio fiscal, defensa de la propiedad, libertad económica, apertura al capital, limitación del poder del Estado y necesidad de generar condiciones para la inversión y el crecimiento. También es justo reconocer que el Gobierno ha conseguido avances importantes en el terreno de la macroeconomía.

 Pero Alberdi es mucho más que economía.

Alberdi es Constitución, instituciones, tolerancia, respeto por las libertades y convivencia dentro de la ley.

Y probablemente nuestro gran tucumano saltaría de su tumba si escuchara algunos de los términos con los que el presidente se refiere a quienes discrepan con él.

Periodistas, economistas, gobernadores, dirigentes políticos y hasta personas que comparten buena parte de sus ideas han sido destinatarios de expresiones innecesariamente agresivas.

Incluso la relación con Brasil, nuestro vecino y principal socio comercial, está atravesando momentos de enorme tensión por injustificados agravios expresados por Milei contra su presidente.

Ese no es el camino de Alberdi.

Una República liberal no consiste solamente en bajar el gasto público, equilibrar las cuentas o defender la propiedad privada. También significa respetar al adversario, aceptar la discrepancia, garantizar la libertad de expresión y comprender que quien piensa distinto no es necesariamente un enemigo.

La Constitución alberdiana fue concebida precisamente para eso: para que argentinos con pensamientos, intereses y procedencias diferentes pudieran convivir bajo unas mismas reglas.

Alberdi quería una Argentina abierta al mundo, capaz de atraer capitales, inmigrantes, conocimientos y trabajo. Pero sabía también que ninguna prosperidad económica puede sostenerse indefinidamente sin estabilidad jurídica, instituciones sólidas y paz política.

Por eso, en cada 29 de agosto, quizás el mejor homenaje que podemos hacerle no sea simplemente colocar una ofrenda floral, pronunciar un discurso o repetir algunas de sus frases. Es cumplir su legado.

Y ese legado obliga a todos: al Gobierno y a la oposición; a los gobernadores y legisladores; a los jueces, periodistas, empresarios y dirigentes sociales.

 En la fecha, también saludamos a los abogados, colaboradores naturales de la Justicia y custodios de un orden jurídico sin el cual ninguna República puede existir.

La Argentina necesita recuperar definitivamente el camino que Alberdi imaginó hace más de un siglo y medio: libertad económica, sí; propiedad privada, sí; equilibrio y responsabilidad fiscal, también.

Pero junto con todo ello, Constitución, instituciones, tolerancia y respeto.

Porque Alberdi no nos dejó solamente un programa económico. Nos dejó un proyecto de país.

Y cumplirlo sigue siendo una de las grandes tareas pendientes de los argentinos.

 

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