UN ARGENTINO EN CARRERA PARA CONDUCIR LAS NACIONES UNIDAS

Argentina tiene ante sí una oportunidad de enorme relevancia internacional, un diplomático argentino figura entre los principales candidatos para convertirse en el próximo secretario general de las Naciones Unidas.

Se trata de Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica y protagonista de una extensa trayectoria diplomática, con experiencia directa en algunos de los conflictos más delicados de nuestro tiempo.

El Consejo de Seguridad acaba de realizar su cuarta votación indicativa. La costarricense Rebeca Grynspan quedó en primer lugar, con diez votos favorables, mientras que Grossi obtuvo ocho apoyos y mantiene intactas sus posibilidades.
La elección está lejos de definirse.

El procedimiento exige mucho más que una mayoría simple. El candidato recomendado por el Consejo de Seguridad debe reunir al menos nueve votos de sus quince miembros y, además, no puede recibir el veto de ninguno de los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido.

Por eso, detrás de cada votación se desarrolla una intensa negociación diplomática, atravesada por intereses, alianzas y diferencias entre las grandes potencias. Todavía tampoco se conoce con certeza si los votos negativos recibidos por los principales candidatos provienen de alguno de esos cinco países, cuyo respaldo resulta decisivo.
Grossi continúa, por lo tanto, en carrera.

 Para Argentina, esta candidatura debería constituir una cuestión de Estado, por encima de cualquier diferencia política interna.
Grossi no llegó a esta instancia por su nacionalidad, sino por sus antecedentes. Cuenta con más de cuatro décadas de trayectoria diplomática y, desde 2019, conduce el Organismo Internacional de Energía Atómica, una institución clave en un escenario marcado por guerras, amenazas nucleares y crecientes tensiones internacionales.

En ese cargo debió intervenir frente a la guerra entre Rusia y Ucrania, al riesgo que representa la central nuclear de Zaporiyia y a las controversias en torno del programa nuclear iraní. Su experiencia está vinculada, de manera concreta, con algunos de los desafíos más graves de la agenda internacional.

Argentina ha aportado figuras de enorme prestigio a la diplomacia mundial, pero nunca un argentino ocupó la Secretaría General de las Naciones Unidas. Que Rafael Grossi pudiera hacerlo representaría un reconocimiento excepcional para el país y para su tradición diplomática.

Todavía falta mucho. Grynspan lleva ventaja y las negociaciones entre las grandes potencias pueden resultar determinantes. Sin embargo, Grossi conserva posibilidades reales.
Por eso, Argentina debe respaldar su candidatura con toda su capacidad diplomática. Gobierno y oposición deberían entender que no se trata de una cuestión partidaria.

Está en juego la posibilidad de que, por primera vez en la historia, un argentino conduzca la principal organización política internacional del mundo.

Cuando un argentino con una trayectoria reconocida alcanza una instancia semejante, ya no representa solamente a un gobierno, representa a la Argentina

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