LUCIANI un ejemplo de fiscal
La presencia del fiscal Diego Luciani en el Coloquio de IDEA dejó un mensaje que debería trascender largamente las paredes de ese encuentro empresarial.
Luciani fue el fiscal que encabezó la acusación en la causa Vialidad contra la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Él mismo recordó ahora que fue designado fiscal en 2013, precisamente durante la presidencia de Cristina Kirchner, y utilizó ese dato para expresar un principio esencial: la independencia que deben mantener fiscales y jueces frente a cualquier poder político.Durante su exposición relató las amenazas y presiones que, según afirmó, sufrió junto con su equipo mientras avanzaba el proceso. También sostuvo que el caso Vialidad significó “un antes y un después” en materia de corrupción y destacó que la causa tiene sentencia firme.
Pero quizá lo más importante no sea hablar solamente de Luciani.
El verdadero problema es preguntarnos ¿cuántos Luciani necesita la Argentina?
La corrupción constituye uno de los grandes males que han acompañado durante décadas a nuestro país. Cada peso que se desvía de su destino no es solamente una cifra en un expediente judicial: puede significar una ruta que no se construye, una escuela que no se repara, un hospital que no recibe los recursos necesarios o una obra de infraestructura que nunca llega.
Y frente a la corrupción existe una responsabilidad fundamental de las instituciones de control y, cuando estas fracasan, de la Justicia. El propio Luciani señaló en IDEA que la Justicia llega cuando los controles anteriores no funcionaron.
Por eso necesitamos fiscales que investiguen con independencia y jueces que resuelvan conforme a la ley, cualquiera sea el nombre, el partido político, la posición económica o el poder de la persona investigada.
También necesitamos una Justicia que actúe en tiempos razonables. Porque una investigación que demora décadas puede terminar convirtiendo la impunidad de hecho en una derrota de las instituciones.
Luciani recibió en IDEA una ovación que se prolongó durante más de un minuto. Ese reconocimiento puede leerse más allá de una adhesión personal: como una demanda de independencia judicial y de funcionarios dispuestos a cumplir con su responsabilidad aun frente a las presiones del poder.
La Argentina no debería necesitar héroes en sus tribunales.
Debería necesitar simplemente fiscales que sean fiscales, jueces que sean jueces e instituciones que funcionen.
El mejor homenaje a quienes cumplen con su deber será conseguir que hacerlo deje de ser excepcional.
Porque combatir la corrupción no es una cuestión partidaria.
Es defender la República, la igualdad ante la ley y el dinero que pertenece a todos los argentinos.
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