A tres años del ataque de Hamás a Israel. Una tragedia que conmueve a la humanidad

Han transcurrido tres años desde aquel 7 de octubre de 2023, cuando la organización terrorista Hamás lanzó un ataque brutal y sorpresivo contra Israel, asesinando a civiles inocentes, tomando rehenes y desatando una tragedia cuyas consecuencias todavía pesan sobre todo Medio Oriente.

Fue un ataque artero, de una crueldad difícil de describir, que merece la más absoluta condena. Ninguna causa política, territorial o religiosa puede justificar el asesinato de personas indefensas ni el secuestro de hombres, mujeres y niños.

La reacción de Israel, como era de esperar, fue de una magnitud extraordinaria. La guerra que se desencadenó en la Franja de Gaza provocó una catástrofe humanitaria, con enormes pérdidas de vidas humanas, destrucción de ciudades, desplazamientos masivos y sufrimientos que alcanzaron especialmente a la población civil palestina.

Y aquí debemos detenernos en una cuestión fundamental, los pueblos no pueden ser condenados a pagar las consecuencias de las decisiones de quienes dicen representarlos.

Hamás, al ejecutar aquel ataque, no solamente agredió a Israel. También expuso a la población palestina a las consecuencias de una confrontación devastadora. Pero esa responsabilidad no exime al Estado de Israel de su obligación de respetar el derecho internacional humanitario y proteger a los civiles.

La vida de un niño israelí tiene exactamente el mismo valor que la de un niño palestino. El dolor de una madre no reconoce fronteras, religiones ni nacionalidades.

Tres años después, las cifras estremecen, alrededor de 1.200 personas murieron en el ataque inicial y 251 fueron secuestradas. La posterior ofensiva israelí dejó más de 74.000 palestinos muertos, según las autoridades sanitarias de Gaza.

El alto el fuego alcanzado en 2025 permitió avances importantes, pero la paz sigue siendo frágil, la violencia no ha desaparecido y la reconstrucción de Gaza continúa pendiente.

A tres años de aquella jornada, corresponde recordar a las víctimas, condenar el terrorismo, exigir responsabilidades por las violaciones del derecho internacional y reclamar una solución política que garantice la seguridad de Israel y los derechos del pueblo palestino.

Porque ninguna victoria militar puede considerarse un verdadero triunfo cuando deja detrás de sí generaciones enteras marcadas por la muerte, el odio y la destrucción.

La humanidad no puede resignarse a que Medio Oriente sea un escenario permanente de violencia. La paz no puede seguir siendo una promesa que se repite mientras los pueblos continúan sufriendo.

Tres años después, la gran deuda no es solamente reconstruir Gaza. Es reconstruir la posibilidad de que israelíes y palestinos puedan vivir, finalmente, en paz, con dignidad y sin miedo.

 

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