La Asamblea del Año XIII y la libertad de vientres
Ayer reflexionábamos sobre la numerosa cantidad de jugadores de ascendencia africana que observamos en los equipos de futbol del actual campeonato mundial. Y el mundo, en cambio, se sorprende de que en nuestra selección no haya ninguno. Ya en el mundial del año 2022 el asunto fue tema de comentarios por cierto periodismo.
La historia argentina, como en prácticamente todos los países de América, también conoció la presencia de población africana esclavizada. Existieron mercados de esclavos y miles de afrodescendientes participaron en la construcción del país, en las tareas cotidianas y también en los ejércitos de la independencia. Con el paso del tiempo, las guerras, las epidemias, el mestizaje, la inmigración masiva y otros procesos demográficos hicieron que su presencia resultara menos visible, aunque nunca desapareció totalmente.Sin duda que la Asamblea del año XIII jugo un importante rol en este asunto. La Asamblea, que no llegó a Declarar nuestra Independencia, la que formalmente se declaró tres años mas tarde en nuestra ciudad San Miguel de Tucuman, ocupa un lugar fundamental en la historia argentina porque sentó las bases de nuestra identidad política y jurídica. A partir de entonces comenzó a consolidarse la idea de una nación que, con el tiempo, adoptaría definitivamente la forma republicana.
Entre las decisiones más trascendentes de aquella Asamblea se encuentra la llamada libertad de vientres, que establecía que los hijos de las mujeres esclavas, nacidos a partir de ese momento, serían libres. No abolía de inmediato la esclavitud, pero iniciaba un camino irreversible hacia su desaparición.
¿Por qué no se avanzó más? La realidad política y económica de la época imponía límites. Existían presiones externas, particularmente del Brasil, donde la esclavitud constituía un pilar de su economía. Se temía que una abolición total en el Río de la Plata alentara la fuga de esclavos brasileños hacia nuestro territorio.
La libertad de vientres representó un enorme paso adelante. Fue una señal de que la nueva nación comenzaba a abrazar principios de libertad y de dignidad humana, mucho antes que otros países del continente. Mientras tanto, en los Estados Unidos la esclavitud solo desaparecería medio siglo después, tras una sangrienta guerra civil, y en Brasil recién sería abolida en 1888 con la llamada Lei Áurea.
La Asamblea del Año XIII nos dejó una enseñanza que trasciende el tiempo: las grandes transformaciones sociales suelen comenzar con un primer paso. La libertad de vientres fue uno de esos pasos. No resolvió de inmediato una injusticia centenaria, pero marcó el rumbo hacia una Argentina que aspiraba a construir su futuro sobre los principios de la libertad y la igualdad ante la ley.
“Las naciones también se miden por los pasos que dan hacia la libertad. La Asamblea del Año XIII no pudo hacer todo lo que hubiera querido, pero tuvo el coraje de comenzar. En la historia, muchas veces los grandes cambios no nacen de una decisión perfecta, sino de la primera decisión correcta.”
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