9 de Julio, una fecha para unir no para dividir
Argentina celebró un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia. Y, como corresponde, Tucumán volvió a ocupar durante algunas horas el centro de la vida política e institucional del país.
El presidente Javier Milei llegó a nuestra provincia acompañado por gran parte de su gabinete. También estuvieron presentes trece gobernadores, además de funcionarios nacionales, provinciales y municipales de distintos lugares de la República.La vigilia del 8 al 9 de julio, realizada en la Casa Histórica, tuvo una enorme significación simbólica. Allí mismo, hace 210 años, un grupo de hombres provenientes de distintas provincias tuvo el coraje de declarar que las Provincias Unidas eran una nación libre e independiente.
Finalizados los actos y el discurso presidencial transmitido por cadena nacional, Javier Milei regresó a Buenos Aires para continuar allí con las celebraciones oficiales y participar del tradicional Tedeum en la catedral metropolitana.
Pero hubo una imagen que no podemos dejar de observar.
La vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, también estuvo en Tucumán. Invitada por el gobernador Osvaldo Jaldo, permaneció en nuestra provincia, participó de las celebraciones y del solemne Tedeum oficiado por nuestro arzobispo, junto al gobernador y otras autoridades.
El Presidente por un lado. La Vicepresidenta por otro.
Dos celebraciones. Dos escenarios. Dos imágenes diferentes en una fecha que, precisamente, debería representar la unidad de todos los argentinos. Penoso por cierto.
Naturalmente, existen diferencias políticas. Siempre existieron y siempre existirán. La democracia vive del debate, de la confrontación de ideas y hasta de las discrepancias profundas. Pero hay momentos en los cuales quienes gobiernan deben ser capaces de colocarse por encima de sus diferencias personales y políticas.
El 9 de Julio es uno de esos momentos.
Porque aquel Congreso de 1816 tampoco estuvo integrado por hombres que pensaban exactamente igual. Había diferencias profundas sobre la organización del país, sobre la forma de gobierno y sobre el futuro de las Provincias Unidas.
Sin embargo, pudieron ponerse de acuerdo en algo fundamental. La Patria estaba primero.
Quizás esa sea una de las grandes enseñanzas que nos dejaron aquellos prohombres.
La Argentina de hoy enfrenta enormes desafíos. Necesita crecimiento económico, estabilidad política, desarrollo humano, mejorar la educación, seguridad y una visión compartida sobre su futuro. Nada de eso significa eliminar las diferencias.
Significa comprender que, por encima de los partidos políticos, de las ambiciones personales y de las disputas circunstanciales, existe algo mucho más importante, la Nación.
Dos celebraciones. Dos escenarios. Dos imágenes diferentes en una fecha que, precisamente, debería representar la unidad de todos los argentinos. Penoso por cierto.
Naturalmente, existen diferencias políticas. Siempre existieron y siempre existirán. La democracia vive del debate, de la confrontación de ideas y hasta de las discrepancias profundas. Pero hay momentos en los cuales quienes gobiernan deben ser capaces de colocarse por encima de sus diferencias personales y políticas.
El 9 de Julio es uno de esos momentos.
Porque aquel Congreso de 1816 tampoco estuvo integrado por hombres que pensaban exactamente igual. Había diferencias profundas sobre la organización del país, sobre la forma de gobierno y sobre el futuro de las Provincias Unidas.
Sin embargo, pudieron ponerse de acuerdo en algo fundamental. La Patria estaba primero.
Quizás esa sea una de las grandes enseñanzas que nos dejaron aquellos prohombres.
La Argentina de hoy enfrenta enormes desafíos. Necesita crecimiento económico, estabilidad política, desarrollo humano, mejorar la educación, seguridad y una visión compartida sobre su futuro. Nada de eso significa eliminar las diferencias.
Significa comprender que, por encima de los partidos políticos, de las ambiciones personales y de las disputas circunstanciales, existe algo mucho más importante, la Nación.
El 9 de julio de 1816 nació formalmente una nueva nación libre y soberana. Doscientos diez años después, seguimos teniendo la responsabilidad de construirla. Por eso resulta lamentable que una fecha destinada a unirnos termine mostrando nuestras divisiones.
Los argentinos podemos discutir durante los otros 364 días del año. Pero quizás deberíamos aprender que hay, al menos, algunas fechas en las cuales debemos encontrarnos todos bajo la misma bandera. El 9 de Julio es una de ellas.
Porque la Independencia no pertenece a un gobierno.
No pertenece a un partido político.
No pertenece a un presidente, a una vicepresidenta ni a un gobernador.
La Independencia pertenece a todos los argentinos.
Y la bandera celeste y blanca que levantamos orgullosamente cada 9 de Julio debería recordarnos algo muy sencillo, pero también muy importante: podemos pensar diferente, podemos discutir y podemos enfrentarnos políticamente.
Pero seguimos siendo una sola Nación.
Los argentinos podemos discutir durante los otros 364 días del año. Pero quizás deberíamos aprender que hay, al menos, algunas fechas en las cuales debemos encontrarnos todos bajo la misma bandera. El 9 de Julio es una de ellas.
Porque la Independencia no pertenece a un gobierno.
No pertenece a un partido político.
No pertenece a un presidente, a una vicepresidenta ni a un gobernador.
La Independencia pertenece a todos los argentinos.
Y la bandera celeste y blanca que levantamos orgullosamente cada 9 de Julio debería recordarnos algo muy sencillo, pero también muy importante: podemos pensar diferente, podemos discutir y podemos enfrentarnos políticamente.
Pero seguimos siendo una sola Nación.
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