9 de Julio LA BANDERA DE TODOS LOS DÍAS
Mañana los argentinos celebraremos nuestra más grande fiesta nacional: el Día de la Independencia.
Y para los tucumanos será, como siempre, una jornada especialmente emotiva. Porque fue aquí, en nuestra ciudad de San Miguel de Tucumán, donde el 9 de julio de 1816 un grupo de hombres valientes tomó una decisión trascendental: declarar que las Provincias Unidas dejaban de depender de España y de cualquier otra dominación extranjera.
Había nacido una nación independiente.
Mañana nuestras casas, nuestras calles, nuestros parques y nuestras plazas volverán a vestirse de celeste y blanco.
Pero este año ocurre algo especial. Los colores de la patria también están presentes en otro fenómeno que apasiona a millones de argentinos: el fútbol.
Nuestra Selección Nacional vuelve a despertar entusiasmo, emoción y orgullo. La extraordinaria remontada frente a Egipto, cuando en apenas trece minutos logró convertir una derrota por dos goles en una victoria por 3 a 2, volvió a desatar la alegría de los argentinos. Y nuevamente aparecieron las banderas.
Las mismas banderas celestes y blancas que mañana colocaremos en nuestras casas para recordar la Independencia. Es hermoso que así sea.
El deporte tiene la extraordinaria capacidad de unir a una sociedad. Durante noventa minutos desaparecen muchas diferencias y millones de personas sienten que pertenecen a una misma comunidad.
Pero quizás este 9 de Julio sea también una buena oportunidad para hacernos una pregunta.
¿Por qué esa extraordinaria capacidad de unirnos, de entusiasmarnos y de trabajar por un objetivo común aparece con tanta fuerza en el deporte y nos cuesta tanto trasladarla a la construcción de nuestro país?
Queremos una Selección exitosa. Pero también debemos querer una Argentina exitosa.
Queremos ganar partidos y campeonatos. Pero también debemos ganar la batalla contra la pobreza, contra la falta de educación, contra la corrupción, contra la decadencia y contra tantos años de frustraciones.
Queremos jugadores capaces, disciplinados y comprometidos con la camiseta. Pero también necesitamos dirigentes capaces, honestos y comprometidos con la Nación.
Queremos estar entre los mejores del mundo en el fútbol. Pero también deberíamos aspirar a estar entre los mejores del mundo en educación, en producción, en tecnología, en desarrollo humano y en calidad institucional. Porque una nación no se construye solamente con emociones.
Se construye con trabajo. Con educación. Con instituciones fuertes, Con responsabilidad. Con respeto por la ley.
¡¡¡Feliz día de la Patria¡¡¡
Y para los tucumanos será, como siempre, una jornada especialmente emotiva. Porque fue aquí, en nuestra ciudad de San Miguel de Tucumán, donde el 9 de julio de 1816 un grupo de hombres valientes tomó una decisión trascendental: declarar que las Provincias Unidas dejaban de depender de España y de cualquier otra dominación extranjera.
Había nacido una nación independiente.
Mañana nuestras casas, nuestras calles, nuestros parques y nuestras plazas volverán a vestirse de celeste y blanco.
Pero este año ocurre algo especial. Los colores de la patria también están presentes en otro fenómeno que apasiona a millones de argentinos: el fútbol.
Nuestra Selección Nacional vuelve a despertar entusiasmo, emoción y orgullo. La extraordinaria remontada frente a Egipto, cuando en apenas trece minutos logró convertir una derrota por dos goles en una victoria por 3 a 2, volvió a desatar la alegría de los argentinos. Y nuevamente aparecieron las banderas.
Las mismas banderas celestes y blancas que mañana colocaremos en nuestras casas para recordar la Independencia. Es hermoso que así sea.
El deporte tiene la extraordinaria capacidad de unir a una sociedad. Durante noventa minutos desaparecen muchas diferencias y millones de personas sienten que pertenecen a una misma comunidad.
Pero quizás este 9 de Julio sea también una buena oportunidad para hacernos una pregunta.
¿Por qué esa extraordinaria capacidad de unirnos, de entusiasmarnos y de trabajar por un objetivo común aparece con tanta fuerza en el deporte y nos cuesta tanto trasladarla a la construcción de nuestro país?
Queremos una Selección exitosa. Pero también debemos querer una Argentina exitosa.
Queremos ganar partidos y campeonatos. Pero también debemos ganar la batalla contra la pobreza, contra la falta de educación, contra la corrupción, contra la decadencia y contra tantos años de frustraciones.
Queremos jugadores capaces, disciplinados y comprometidos con la camiseta. Pero también necesitamos dirigentes capaces, honestos y comprometidos con la Nación.
Queremos estar entre los mejores del mundo en el fútbol. Pero también deberíamos aspirar a estar entre los mejores del mundo en educación, en producción, en tecnología, en desarrollo humano y en calidad institucional. Porque una nación no se construye solamente con emociones.
Se construye con trabajo. Con educación. Con instituciones fuertes, Con responsabilidad. Con respeto por la ley.
¡¡¡Feliz día de la Patria¡¡¡
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