Tapia viaja al mundial autorizado por la justicia
La Justicia argentina autorizo al presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, a viajar al mundial, previa caución de treinta millones de pesos. Que el Señor Tapia, procesado por corrupción y sospechado de oscuros manejos financieros, sea el representante oficial del Futbol argentino en el Torneo deportivo más importante del planeta, refleja los problemas institucionales que los argentinos venimos sufriendo desde hace bastante tiempo. Es que más allá de los aspectos estrictamente judiciales, existe una cuestión de imagen pública y de representación extremadamente delicada. Para muchos argentinos, el hecho constituye un verdadero baldón.
Porque la Selección Argentina de Fútbol no representa solamente a un equipo deportivo. Representa al país ante el mundo. Y cuando su principal dirigente aparece envuelto en sospechas judiciales de enorme gravedad, inevitablemente se proyecta una imagen negativa de la Argentina.Los 30 millones de pesos de caución, pueden resultar una suma relativamente menor para dirigentes que manejan estructuras multimillonarias. Pero para el ciudadano común, que enfrenta inflación, impuestos asfixiantes y dificultades económicas cotidianas, esa cifra aparece como algo inmenso. Allí nace también buena parte de la indignación social.
Y el hecho de que aún exista incertidumbre sobre otros dirigentes vinculados, como Pablo Toviggino, socio en los negocios y muy cercano a Tapia, alimenta todavía más las sospechas y el malestar público.
Lo más preocupante quizá, no sea solamente el caso puntual, sino la persistente sensación de que la Argentina convive desde hace décadas con una alarmante naturalización de la corrupción en múltiples ámbitos, la política, sindicatos, fútbol, obra pública, empresas estatales y hasta instituciones sociales.
El Mundial volverá seguramente a unir emocionalmente al país detrás de la camiseta celeste y blanca. Pero también deja al descubierto esta contradicción tan argentina: la excelencia extraordinaria de nuestros futbolistas conviviendo, demasiadas veces, con dirigencias cuestionadas y sistemas institucionales debilitados.
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