Los virus no reconocen fronteras
La advertencia de la OMS vuelve a colocar el tema en su verdadera dimensión. Frente a un brote de hantavirus vinculado a un crucero que partió de Ushuaia, Tedros Adhanom Ghebreyesus pidió a la Argentina y a Estados Unidos reconsiderar su salida del organismo, recordando una verdad elemental: “a los virus no les importa nuestra política ni nuestras fronteras”.
La decisión argentina de abandonar la OMS fue, desde el comienzo, y por entonces ya lo decíamos, difícil de justificar. No se trata de simpatizar o no con un organismo internacional, ni de ignorar errores cometidos durante la pandemia. Se trata de comprender que la seguridad sanitaria exige cooperación, información compartida, alertas tempranas y coordinación científica.Y justamente el hantavirus demuestra cuán delicado puede ser este tipo de amenazas sanitarias. Se trata de una enfermedad viral grave transmitida principalmente por roedores silvestres infectados. En determinadas regiones de la Argentina, especialmente en el sur y también en zonas rurales del norte, el hantavirus ha provocado brotes de enorme preocupación y una mortalidad significativa. El contagio puede comenzar con síntomas que parecen una gripe común, fiebre, dolores musculares, cansancio y evolucionar rápidamente hacia una insuficiencia respiratoria severa.
Nuestro país conoce bien el drama del hantavirus. Todavía permanecen en la memoria colectiva episodios muy dolorosos como el brote ocurrido en Epuyén, en la Patagonia, que obligó a aislamientos masivos y generó gran temor social. Allí quedó demostrado que la rapidez en el intercambio de información epidemiológica y la coordinación internacional pueden ser decisivas para salvar vidas. En un mundo interconectado, donde miles de personas se desplazan diariamente por aire y mar, ningún país puede enfrentar solo este tipo de amenazas.
Argentina no debería tomar decisiones de salud pública por mimetismo político con Donald Trump. La soberanía no consiste en aislarse, sino en defender mejor a la población. Y para eso, frente a enfermedades, brotes y amenazas globales, estar dentro de los sistemas internacionales de vigilancia sanitaria es mucho más razonable que quedar afuera.
El hantavirus recuerda algo simple y contundente: la salud pública no admite gestos ideológicos vacíos. La política puede levantar muros; los virus, no los respetan.
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