La causa de los cuadernos y la libertad de prensa



Ayer fue un día histórico para la causa de los cuadernos. El tribunal reafirmó el derecho del periodismo de reservarse las fuentes de información.  El tema toca un punto central de toda república: una Justicia independiente, pero también un periodismo libre y protegido para investigar al poder. Sin ambas cosas, la corrupción termina siempre avanzando en la oscuridad.  Sí. Es un hecho institucional muy importante.


La declaración de Diego Cabot en la causa Cuadernos volvió a poner en el centro una cuestión esencial: sin protección de las fuentes, no hay verdadero periodismo de investigación. Según las crónicas judiciales, Cabot declaró durante más de 11 horas, reconoció los cuadernos y explicó cómo llegó a sus manos el material que dio origen a una de las causas de corrupción más relevantes de la Argentina reciente.  

Las defensas intentaron que revelara con quiénes se reunió durante su investigación, pero el tribunal ratificó por unanimidad su derecho a preservar las fuentes periodísticas.  

Ese punto es decisivo. Una cosa es interrogar a un testigo; otra muy distinta es convertir al periodista en objeto de presión para desarmar el secreto profesional. La reserva de fuentes no protege al periodista como privilegio personal: protege a la sociedad, porque permite que hechos graves salgan a la luz.

En una democracia, la Justicia debe investigar, las defensas deben ejercer plenamente sus derechos, pero el periodismo no puede ser obligado a traicionar las fuentes que hicieron posible una revelación de interés público.

La causa Cuadernos no sólo juzga presuntos hechos de corrupción. También pone a prueba la fortaleza de nuestras instituciones. Y en este episodio, al menos, la Justicia marcó un límite saludable: la verdad se investiga, pero la libertad de prensa no se intimida.

 

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