Grave crisis en Bolivia

La situación en Bolivia se está tornando extremadamente delicada y recuerda, en algunos aspectos, las grandes crisis sociales y políticas que el país atravesó en otras etapas de su historia reciente. La combinación de desabastecimiento de combustibles, inflación, dificultades para adquirir alimentos y medicamentos, cortes de rutas y enfrentamientos callejeros genera un cuadro de enorme tensión social.

Los bloqueos impulsados por sectores campesinos e indígenas que se suman a los políticos de izquierda, paralizan regiones enteras y afectan especialmente a La Paz, donde ya se observan cierres de bancos, largas filas y dificultades para el funcionamiento de la economía. El expresidente y líder cocalero, Evo Morales, describió a Bolivia como un país “totalmente paralizado”, denunció una operación militar y de inteligencia desplegada en sus inmediaciones para privarlo de su libertad o atentar contra su vida, y llamó a sus seguidores a sostener las movilizaciones hasta lograr la renuncia del presidente Rodrigo Paz.

Durante muchos años el país sostuvo su estabilidad gracias al gas natural y a un importante ingreso de divisas. Pero la caída de la producción energética, la falta de inversiones y el agotamiento de reservas comenzaron a mostrar una realidad preocupante. Hoy faltan dólares, combustibles y confianza.

Cuando un país pierde confianza, rápidamente aparecen el desabastecimiento, la especulación y el temor colectivo. Entonces la protesta social deja de ser solamente política y se convierte también en una reacción desesperada de sectores populares que sienten que el sistema ya no responde.

Las imágenes de incendios, ataques a edificios, enfrentamientos y ciudades parcialmente paralizadas preocupan a toda América Latina. Porque cuando se rompen los mecanismos institucionales y el diálogo desaparece, el riesgo de violencia crece peligrosamente.

Bolivia necesita urgentemente recuperar canales de dialogo, garantizar el abastecimiento y evitar una escalada aún mayor. La renuncia de Rodrigo Paz no aportará nada positivo, empeorará sin duda la ya grave situación. Y eso lo entienden los EE. UU. y algunos países de la región. Ninguna nación puede sostenerse mucho tiempo con rutas bloqueadas, escasez generalizada y una sociedad enfrentada consigo misma.

Y mientras tanto, millones de bolivianos comunes, trabajadores, comerciantes, jubilados, familias humildes, quedan atrapados en medio de una crisis que no provocaron, pero que terminan padeciendo con enorme dureza.

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