El creciente consumo de drogas en la juventud

El creciente consumo de drogas en la juventud es un tema gravísimo del que hay que ocuparse prioritariamente. Un asunto que no se resuelve con una sola palabra ni con “represión” sola, ni con “libertad” mal entendida y mucho menos mirando para otro lado.

 La ONU advierte que el narcotráfico sigue expandiéndose, que las drogas sintéticas son cada vez más fáciles de producir y distribuir, y que el mercado mundial de la cocaína alcanzó niveles récord en los últimos años.   También se advierte en las llamadas fiestas electrónicas la presencia creciente de cocaína, LSD, ketamina, GHB y otras sustancias donde el consumo se ja naturalizado

Podríamos decirlo así:
La humanidad, que aprendió a prolongar la vida, también ha aprendido a ponerla en riesgo con una facilidad escalofriante.
Lo que antes parecía marginal, clandestino o excepcional, hoy se ha instalado en muchos ámbitos juveniles. No en todos, desde luego. No todos los jóvenes consumen. Pero sí existe una cultura de la noche, de la evasión, de la intensidad artificial, donde la droga dejó de ser vista como peligro y empezó a ser presentada como parte del “clima” de la diversión.

Y allí está el drama, cuando una sociedad naturaliza lo que destruye, ya no alcanza con la represión policíal. Hace falta una respuesta mucho más profunda.

Debe haber combate frontal al narcotráfico grande, al lavado de dinero, a las redes internacionales y a los pequeños vendedores que llegan hasta la puerta de una fiesta, de una escuela o de un barrio. Pero también debe haber prevención seria, educación temprana, familias presentes, controles reales en los eventos, atención médica, campañas inteligentes y una política de salud pública que no sea ingenua ni hipócrita.

Porque el problema no es solamente la droga. Es también el vacío. La ansiedad. La soledad. La pérdida de sentido. La necesidad de pertenecer. La búsqueda de una felicidad química cuando no se encuentra una felicidad verdadera.

No hay una solución mágica. Pero sí hay un camino: menos indiferencia, más familia, más Estado inteligente, más justicia eficaz, más educación emocional y más comunidad. La droga avanza cuando la sociedad se retira. Y retrocede cuando los adultos vuelven a ocupar su lugar: no para sermonear, sino para cuidar, acompañar y poner límites.

Tal vez esa sea la gran batalla cultural de nuestro tiempo, demostrarles a los jóvenes que la vida no necesita ser destruida para ser intensa.

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