Dos argentinas bajo la misma luz pero en diferentes ópticas
La liturgia social se mantiene como si el tiempo no pasara. Como si las crisis fueran apenas un rumor lejano.
El jet set porteño volvió a reunirse con motivo de la cena anual de la Fundación Federalismo.
Empresarios, funcionarios, algunos periodistas, dirigentes políticos y figuras de diferentes ámbitos dijeron presentes.
El escenario, impecable. Las galas, deslumbrantes. El ingreso al salón, digno de la alfombra roja de los Oscar. Todo en su lugar
Pero lo verdaderamente interesante no está en lo que se ve… sino en lo que se contrasta.
Porque esa noche, bajo las luces, convivieron, sin cruzarse, dos Argentinas. Una Argentina que brinda, que se muestra, que se reconoce entre sí. Que cambia de nombres, de modas, de discursos… pero no de lógica.
El jet set porteño volvió a reunirse con motivo de la cena anual de la Fundación Federalismo.
Empresarios, funcionarios, algunos periodistas, dirigentes políticos y figuras de diferentes ámbitos dijeron presentes.
El escenario, impecable. Las galas, deslumbrantes. El ingreso al salón, digno de la alfombra roja de los Oscar. Todo en su lugar
Pero lo verdaderamente interesante no está en lo que se ve… sino en lo que se contrasta.
Porque esa noche, bajo las luces, convivieron, sin cruzarse, dos Argentinas. Una Argentina que brinda, que se muestra, que se reconoce entre sí. Que cambia de nombres, de modas, de discursos… pero no de lógica.
La Argentina del círculo cerrado, de la pertenencia, del gesto social como reafirmación de poder. Y otra Argentina, la más vasta, la más silenciosa, que no está invitada. La que no desfila, la que no compite en galas, la que no entra por ninguna alfombra roja. La Argentina que trabaja, que se ajusta, que espera, que muchas veces no llega.
Cambian los rostros. Cambian los tiempos. Pero el ritual permanece. Y ese es el dato más profundo.
porque no se trata solo de una cena elegante. Se trata de una postal que se repite, una escena que atraviesa décadas, gobiernos e ideologías. Y también escenarios
Dos argentinas que coexisten… pero no se encuentran.
Tal vez el verdadero desafío no sea cuestionar la fiesta, sino preguntarnos por qué sigue siendo tan natural esa distancia.
Porque un país no se construye desde la vidriera…sino desde el encuentro.
Y mientras ese encuentro no ocurra, seguiremos teniendo, más que una nación, dos realidades que apenas se miran,
y que, en el fondo, todavía no logran reconocerse como una sola.
Cambian los rostros. Cambian los tiempos. Pero el ritual permanece. Y ese es el dato más profundo.
porque no se trata solo de una cena elegante. Se trata de una postal que se repite, una escena que atraviesa décadas, gobiernos e ideologías. Y también escenarios
Dos argentinas que coexisten… pero no se encuentran.
Tal vez el verdadero desafío no sea cuestionar la fiesta, sino preguntarnos por qué sigue siendo tan natural esa distancia.
Porque un país no se construye desde la vidriera…sino desde el encuentro.
Y mientras ese encuentro no ocurra, seguiremos teniendo, más que una nación, dos realidades que apenas se miran,
y que, en el fondo, todavía no logran reconocerse como una sola.
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