Milei en Tucumán ideas nacionales deudas regionales
La visita del presidente Javier Milei a Tucumán para cerrar el Foro Económico del NOA tuvo, sin duda, relevancia política e institucional. No todos los días un jefe de Estado llega al Norte argentino para exponer ante empresarios, dirigentes y referentes de la producción. Pero también es cierto que, tras la expectativa previa, quedó una sensación de insuficiencia: fue la disertación de un académico, de un expositor de doctrina económica, más que la palabra concreta de un presidente dispuesto a anunciar medidas para una región largamente postergada.
Nadie puede negar que Milei tiene una visión definida del país. Su mensaje volvió a poner el acento en el equilibrio fiscal, la baja de la inflación, la desregulación y la reducción de impuestos como camino hacia una economía más sana y competitiva. Ese rumbo, en términos generales, es valorado por muchos sectores productivos, también en Tucumán, que reconocen que la Argentina necesita corregir décadas de desorden, exceso de Estado y presión tributaria asfixiante.
Pero una cosa es la macroeconomía y otra, muy distinta, es la realidad concreta de las economías regionales. Y allí aparece la gran cuenta pendiente. El Norte argentino sigue cargando con una desventaja histórica que ningún discurso teórico alcanza a resolver: paga más caro el transporte, está lejos de los grandes centros de consumo, sufre costos logísticos más altos y pierde competitividad frente a empresas instaladas en la zona central del país. Esa desigualdad no es nueva, pero sí persistente. Y mientras no sea corregida, el federalismo seguirá siendo más una consigna que una realidad.
Los empresarios tucumanos lo vienen señalando desde hace años. No sólo soportan la presión impositiva general que afecta a toda la Argentina, sino también el peso adicional de producir lejos del puerto y de los centros neurálgicos del poder económico. En los hechos, muchas veces terminan exportando impuestos, fletes caros y sobrecostos logísticos. Compiten, sí, pero lo hacen desde una posición claramente desventajosa. Por eso su reclamo no es un privilegio: es un pedido de equidad.
Sería injusto desconocer que el actual Gobierno nacional ha emprendido un camino de corrección de la carga fiscal y de ordenamiento económico que, de consolidarse, podría mejorar las condiciones generales de competitividad. Ese proceso existe y merece ser reconocido. Pero también debe decirse con claridad que para el Norte no alcanza con una mejora general del clima macroeconómico. Hace falta, además, una mirada específica sobre las asimetrías regionales.
El NOA no necesita subsidios eternos ni discursos compasivos. Necesita reglas justas. Necesita infraestructura. Necesita logística competitiva. Necesita políticas que contemplen que producir en Tucumán, en Salta, en Jujuy, en Catamarca o en Santiago del Estero no cuesta lo mismo que producir a pocos kilómetros del puerto de Buenos Aires. Y necesita, sobre todo, que la Nación comprenda que el federalismo verdadero no consiste sólo en invitar al interior a escuchar conferencias, sino en incorporarlo de verdad al proyecto de desarrollo argentino.
La presencia presidencial en Tucumán fue importante. Pero dejó abierta una pregunta de fondo: ¿vendrá alguna vez, junto con las ideas, una agenda concreta para reparar la histórica postergación del Norte? Porque la región ya no reclama palabras. Reclama condiciones. Reclama competitividad. Reclama igualdad de oportunidades. Reclama, en definitiva, que la Argentina deje de mirarse sólo desde el centro y empiece a pensarse entera.
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