La macro y la microeconomía
Mientras la macroeconomía ha sido ordenada por este gobierno, un hecho que merece todos nuestros aplausos, la microeconomía atraviesa momentos muy complejos, francamente difíciles. Comercios, industrias y productores sienten todos los días el peso de una presión impositiva excesivamente alta y de un régimen laboral rígido, pensado para otra época. De allí la expectativa legítima, de que se avance en una modernización de las leyes laborales, imprescindible para volver a generar empleo genuino y competitivo. Es de esperar que el gobierno logre sancionar en el Congreso, la ley de reforma laboral sin dificultades mayores.
Pero hay otro factor que tensiona aún más el escenario: los productores locales de manufacturas deben competir con bienes importados, especialmente provenientes de China, cuyos precios son extremadamente bajos. Competir con China, en estas condiciones, es muy, muy difícil, casi imposible para gran parte de la industria nacional. Ni las economías más desarrolladas pueden competir con el gigante asiático.En ese contexto, resultó poco feliz la frase del ministro de Economía, Luis Caputo, al señalar que no compra ropa en la Argentina y que siempre la adquirió en el exterior. Es cierto, él puede hacerlo. Pero la enorme mayoría de los argentinos no tiene esa posibilidad. No solo es una expresión fuera de lugar, es una muestra de desconexión con la realidad de millones de argentinos que no pueden comprar afuera y dependen del mercado interno para vivir y trabajar
El desafío, entonces, es mucho más profundo y estructural. La Argentina debe darse una discusión seria y estratégica sobre su perfil productivo: qué producir, qué proteger, qué importar, qué exportar y en qué condiciones. Sin esa definición, el riesgo es ordenar las cuentas macroeconómicas mientras se debilita el entramado productivo que sostiene el empleo, el consumo y la cohesión social.
Es un debate complejo, impostergable, y que requiere equilibrio, realismo y una mirada de largo plazo. Y sin producción y trabajo, ningún orden macroeconómico es sostenible en el tiempo.
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