Cuarto paro general de la CGT

 La CGT ha decretado para hoy un paro general en todo el territorio de la República Argentina, prácticamente todos los gremios han acatado la medida de fuerza y el país se paraliza. Algo muy lamentable, por cierto.

Cada paro general significa grandes pérdidas económicas, interrupción de servicios y un mensaje de incertidumbre hacia dentro y hacia afuera del país. En una Argentina que intenta estabilizar su economía después de décadas de desequilibrios, la parálisis nunca es inocua.

El eje del conflicto es la reforma laboral. El Gobierno sostiene que busca modernizar un sistema rígido, reducir la litigiosidad, facilitar la contratación y fomentar el empleo formal. Sus críticos, en cambio, advierten sobre el riesgo de pérdida de derechos y precarización.

Pero hay un punto más profundo que atraviesa este debate.

La Argentina ha inaugurado un nuevo régimen político basado en las ideas de la libertad económica, la responsabilidad fiscal y la reducción del poder del Estado sobre la vida productiva. Ese cambio fue convalidado en las urnas. Sin embargo, ganar una elección no equivale a consolidar una cultura.

Y allí está el verdadero desafío.

El país no solo necesita reformas legales; necesita un cambio cultural. Durante décadas se consolidó una lógica de dependencia del Estado, de conflicto permanente como herramienta política y de corporativismo estructural. Salir de ese esquema exige algo más que decretos o leyes: exige que la sociedad asuma que el crecimiento sostenible se basa en el trabajo productivo, la inversión y la competitividad.

No se trata de eliminar derechos ni de ignorar temores legítimos. Se trata de comprender que sin empleo privado fuerte no hay bienestar duradero. Sin reglas modernas no hay inversión. Y sin inversión no hay progreso.

El pasado argentino estuvo marcado por crisis recurrentes, inflación crónica y enfrentamientos sectoriales. Si realmente queremos despegar, debemos animarnos a superar esa cultura de la confrontación permanente.

El paro de hoy deja en evidencia que el cambio político ya ocurrió. Lo que aún está en disputa es el cambio cultural.

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